Sabès lo que buscàs. El amor. Y empiezas a caminar una senda rodeada de rosas y espinas, màs no te detienes, las palpitas y vives a cada una de ellas. Encuentras a la persona deseada, esa que siempre soñastes e idealizastes. Encuentras tu continente. Una mirada basta para saber que en èl es el hombre de tus sueños. Su cuerpo es un imàn que te atrae y sientes que no puedes despegarte de èl, que deseas sondear hasta el ùltimo rincòn del mismo y detenerte una eternidad en èl. Sus sentimientos son lo màs. Nobleza, fuerza, romanticismo, erotismo y que te ama como tù lo amàs a èl.

Y te detienes degustando el sabor de esa rosa y puedes sentir tu cuerpo vibrar al solo saber que existe aunque estè al otro lado del continente y que desde allì emana esas ondas que hacen sentirte ùnica.Y saboreas el placer de saber que su corazòn es solo tuyo y que eres la dueña absoluta de sus sentimientos.

De pronto sigues caminando y te encuentras con una espina. ¿Còmo haces para que te duela menos? Sabes que te tienes que pinchar, pues quieres vivir de lleno ese sentimiento. Algo te separa de èl. Te han desbordado tus sentimientos y sientes que a esa distancia no puedes sortearla. Que necesitas su presencia. Que el idealismo de la distancia no te alcanza. Quieres sentir tu cuerpo yacer al lado del tuyo, sentir su mirada fundirse en la tuya, acariciarlo hasta el cansancio de tus manos pero no de tu alma, sentirte dueña de esas caricias que èl te prodiga lleno de amor.

Pero no està y lo que es peor no puede estarlo. Agilizas al màximo tus neuronas, tus sentimientos tratando de buscar una solucìòn.

No la encuentras. No la hay. Entonces vuelves al punto de inicio y tratas de encontrar los errores a ver si puedes subsarnarlos. No los encuentras. Solo que el amor no previno eso que parecìa ser un detalle insignificante: la distancia.

Y buscas el peor remedio: bloqueas tu corazòn, pero antes de bloquearlo tienes la inteligencia de guardar en su interior los sentimientos bellos que experimentastes con èl. Mas luego lo cierras y le pones un candado y lo que es peor no sabes a quien darle la llave.

¿Còmo haces ahora para sobrevir sin ese amor que era tu oxìgeno y sin poder hacer entrar un poco de èl en tu corazòn?

Empezar de nuevo: nunca serà igual, lo presientes y no quieres aventurarte a abrirte de nuevo a nuevas sensaciones. Y de pronto una luz entra en ese camino. No, no serà igual, pero de alguna manera y tal vez sorprendentemente te llene otras aristas de tu ser que creìstes que estaban descubiertas y no lo estàn y tambièn piensas que pueden descubrir nuevas sensaciones en ti que ignorabas que existìan. Entonces te quedas con la llave y haces un punto suspensivo en tu vida, dejando librado al azar la prosecuciòn de ese camino, que sabes que tiene un inicio pero que no tendrà nunca un final.